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Museo Nacional de Bellas Artes – Buenos Aires

Eventos

Avenida del Libertador 1473 • Ciudad de Buenos Aires • Tel. (+54-11) 4803 8814 y 4803 0802 • Sede web de MNBA


Obsesiones (fotografía) - 9/11-10/12

Lucía Pacenza desde el Sur (escultura) - 15/11-4/2/07

Ernesto Deira (restrospectiva) - 28/11-31/1/07


Trabajos de Florencio Molina Campos

18 de octubre al 19 de noviembre

Muestra antológica con 60 obras del patrimonio de la Fundación Molina Campos • Días y horarios: martes a viernes de 12.30 a 19.30; sábados, domingos y feriados de 9.30 a 19.30 • Muestra Florencio Molina Campos (1891-1959), período norteamericano (donación Powers-Tinker) • Entrada gratuita

¡Y se va la segunda!

Nada mejor que el grito cálido y jubiloso de algunas danzas argentinas para anunciar un acontecimiento tan grato: después de muchos años, tiene lugar una segunda exposición de don Florencio en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En esta ocasión, se exponen obras de la excelente colección de la Fundación Florencio Molina Campos, donadas en su mayoría en 1970 y 1972 por dos estadounidenses: Joshua B. Powers, su representante, consejero y gran amigo, y Edward L. Tinker, quien admiró al artista argentino y brindó permanente estímulo a la cultura latinoamericana.

En la trayectoria de Molina Campos, podríamos denominar “período norteamericano” aquella época que comenzó con la obtención de una beca de la Comisión de Cultura, en 1937, para estudiar dibujos animados en los Estados Unidos, país al que viajó en varias oportunidades y en el que residió durante algún tiempo. Pertenecientes a este período norteamericano podremos ver en la muestra motivos con negros (como “Primavera”), y otros con el juego de polo (“Jugando al polo”).

Pero sin duda, lo más importante de aquella etapa son los cuadros que hizo entre 1944-1958 para la empresa de maquinaria agrícola Minneapolis Moline (como “Acomodando el equipaje”). Y señalamos dos cosas singulares: la firma que lo contrató le pidió que siguiera pintando sus gauchos y los temas costumbristas nuestros. Nunca le exigió que representara en sus cuadros máquinas de la firma; cuando aparecen en la obra es por propia decisión del artista. También en los Estados Unidos comenzó con la técnica del óleo.

En esta muestra veremos curiosidades, como acuarelas de la época de su juventud en los campos del Tuyú (“Cuadreras” y “Domadores”), y obras en cerámica, técnica que perfeccionó en Estados Unidos.

También podemos recordar que conoció y trató a personalidades de la época que se mostraron atraídas por su arte, como Walt Disney, Fred Astaire (don Florencio le enseñó a bailar malambo), Nelson Rockefeller, Rita Hayworth, John Wayne y Charles Chaplin.

Tal como lo refleja este período norteamericano, don Florencio pintaba cada vez mejor, y si bien su expresividad encontraba nuevos temas, allí como acá florecían sus gauchos y su entorno campero.

Hoy en esta segunda muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes, tenemos el privilegio y la alegría de volver a acercarnos a los cuadros de don Florencio. A la belleza y emoción de la vida gaucha reflejada en su pintura: estaremos en el interior de un rancho calentando la pava para unos amargos, jineteando a dos espuelas algún mancarrón retobao, desensillando junto al palenque en un atardecer frío de agosto, o en un domingo campero preparando el overo rosado, con las prendas de lujo, para visitar la china y bailar algún pericón. El convite está hecho, pase nomás. ¡Y se va la segunda!

Marcos Federico Bledel
Curador


Obsesiones

(en la Colección Fotográfica del MNBA)

9 de noviembre al 10 de diciembre

Expositores: Adriana Lestido, David Beniluz, Pablo Tapia, Gustav Schottmann, Eduardo Gil y Sebastián Szyd de la Argentina. Diana Blok (Holanda), Ralph Gibson (EE.UU.), Sandra Eleta (Panamá), Chema Madoz y Rafael Navarro (España), y Hun Sungpil (Corea) • Martes a viernes de 12.30 a 19.30 y sábados y domingos, de 9.30 a 19.30

Todo artista es presa de obsesiones. Pueden ser evidentes o estar profundamente agazapadas. Pero siempre aflorarán. A lo largo de la historia los fotógrafos también lo han demostrado.

Alfred Stieglitz vivió años de su vida creativa tratando de plasmar sus Equivalencias. Cindy Sherman volcó en los Autorretratos toda su búsqueda estética. Chema Madoz hace del hallazgo visual su constante. Y menos explícitas, las series de grandes retratos, de paisajes urbanos o de naturalezas muertas no hacen más que demostrar hasta que punto cada creador es esclavo de sus obsesiones.

las fotografías que presentamos - del Patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes - demuestran claramente cómo diferentes autores han seguido una temática a través de los años y cómo ha influido esa búsqueda en su estilo, o ha determinado su sello de artista.

Entre los autores que ejemplifican estas obsesiones, se encuentran Adriana Lestido, David Beniluz, Pablo Tapia, Eduardo Gil, Gustav Schottmann y Sebastián Szyd de la Argentina. Diana Blok (Holanda), Ralph Gibson (EE.UU.), Chema Madoz y Rafael Navarro (España), Sandra Eleta (Panamá) y Hun Sungpil (Corea).

Lestido, Gil, Beniluz y Szyd pasaron años de sus vidas frecuentando ambientes inhóspitos como cárceles, institutos psiquiátricos, hospitales o pueblos lejanos y marginales. Vivieron días enteros con los protagonistas de sus fotos e hicieron suyos sus terribles problemas. La soledad, la miseria, el dolor, la enfermedad, el trabajo inhumano. las imágenes dan cuenta del compromiso de los autores y transmiten la emoción que los motivaba.

Tapia y Navarro se enfrentan con fantasmas interiores y crean imágenes donde el misterio y la invitación a la interpretación – siempre acompañadas por una técnica atractiva e impecable – son la constante. Los ya clásicos dípticos de Navarro son parte esencial de su obra y tesoros de la moderna fotografía española.

Eleta, Schottmann y Blok describen su entorno, familiares y amigos con el clima y la calidez de los afectos. El Portobelo de Eleta es un ícono de la fotografía latinoamericana.

Finalmente, Madoz, Gibson y Sungpil se rinden a la estética pura internándose en paisajes fantasmagóricos o fragmentos de la realidad que remiten a esos sueños que la memoria no alcanza a completar.

Sara Facio
Curadora MNBA

 



Lucía Pacenza desde el Sur

15 de noviembre al 4 de febrero

“En el alba, la lejanía se erizó de pirámides y de torres...”.
J.L. Borges, El Inmortal.

Desde los años ochenta, Lucía Pacenza desarrolla la serie Sur, en los distintos materiales con que ha abordado la escultura. Desde el sur, como titula a esta exposición que reúne algunas piezas de los últimos 10 años de labor, no solo implica la situación geográfica de ella, de la persona, sino, específicamente, la de su mirada. Los paisajes característicos de nuestras regiones: ríos caudalosos de deltas gigantescos, quebradas empinadas de antiquísimas piedras, desiertos fisurados por vientos constructores de ciudades naturales...El Paraná, la Puna o el Valle de la luna. Lugares esculpidos que sugieren ser “pasados a punto” a los sensuales carrara que la artista trabaja con la grácil imprecisión de una geometría a mano alzada.

Pero esta condición es algo que se descubre en una segunda mirada. La precisión está en la línea, en los dibujos que Pacenza aplica a la superficie de la piedra. La forma, el contorno de los bloques, se ondulan en elipses imperfectas que no hacen sino agregar sugestión y organicidad. Son los Ocasos, Sol-Luna, Ritmos biológicos, donde la alternancia de espacios positivos y negativos determina las instancias de un elemento fundamental en la obra de Pacenza, la luz. La luz que hace destellar los brillos del material o la que baña a sus enigmáticas ciudades en un buscado contraste de “blanco sobre blanco”.

Ciudad del sur, Visiones urbanas o Ciudad perdida, desarrollan con el gusto de quien juega con un mecano, un completo repertorio arquitectónico: desde el sistema trilítico del dolmen, hasta la sofisticación geométrica de las pirámides y las bóvedas. Formas y estilos históricos, del lenguaje de las formas habitables. Frontis clásicos coronan un rascacielos, pirámides truncas determinan ejes urbanos de accesos o salidas a estos impertérritos conglomerados habitados solamente por la luz.

Frente a estas pequeñas esculturas instaladas, la sensación es que a medida que se las mira pierden su carácter de modelo reducido, crecen virtualmente ante nuestra retina, cobran escala real y, entonces, podemos recorrer sus calles desiertas y descubrir los mil y un detalles que ocultan las paredes aparentemente blancas y lisas de sus enhiestos edificios. Una hendidura, una muesca, finas líneas paralelas, un pliegue. Texturas diminutas que activan la superficie y dan cuenta de la mano de la escultora atenta a dejar su sello de silenciosa escritura. Intimidades del oficio. De un oficio en el que las formas y líneas que percibimos como leves, son tales solo después del magno esfuerzo de doblegar la dureza de la piedra.

Para Pacenza, la escultura tiene una dimensión pública. Es un espacio que precisa del espacio mayor que la contiene. Se completa cuando está emplazada, preferentemente al aire libre, dialogando con la ciudad. Ya en 1980 obtuvo el primer premio de proyectos escultóricos y realizó su escultura- fuente homenaje a los 400 años de la fundación de Buenos Aires, en el cruce de Udaondo y avenida del Libertador.

Actualmente, en sus pequeñas cajas de la serie Buenos Aires, instala idealmente sus obras en sitios emblemáticos de la ciudad. En ellas Pacenza desarrolla otra de sus pasiones, la fotografía. La inusitada combinación de la foto plana y la pequeña escultura dan apariencia de postal tridimensional a estas puestas en escena, simulacros de intervenciones urbanas que proyectan el deseo inalienable de estetizar nuestro entorno cotidiano. 

María José Herrera

La muestra podrá visitarse hasta el 4 de febrero de 2007, en el siguiente horario: de martes a viernes de 12.30 a 19.30 y sábados y domingos de 9.30 a 19.30.


Ernesto Deira

Retrospectiva

28 de noviembre al 31 de enero

Fue un pilar de la Neofiguración de los 60 junto a Noé, Macció y De la Vega • Se verán 150 cuadros, incluida una producción que se creía perdida en Chile

Está llegando un gigante y, esta vez, no se trata de ninguna reliquia paleontológica sino de Ernesto Deira, uno de los cuatro maestros de la Neofiguración argentina (movimiento vital de la década de 1960) que, en noviembre, tendrá en el Museo Nacional de Bellas Artes una muestra que viene a poner las cosas en su lugar: la primer retrospectiva completa, a veinte años de su muerte.

Ernesto Deira, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega y Rómulo Macció escribieron uno de los capítulos más fascinantes del arte argentino cuando rompieron con las formas establecidas de representar la figura humana para proponer lo que llamaban otra figuración.

Según explica María José Herrera, de Bellas Artes: "La exposición rondará las 150 obras que den cuenta de la importancia de Deira desde sus comienzos hasta su muerte en 1986. La idea es reunir la obra que tiene la familia, los coleccionistas privados y obra de Chile que quedó en el Museo de Arte Contemporáneo y que queremos rescatar".

De lograr traer estas obras, se podrán ver siete pinturas prácticamente desconocidas para el público argentino (ver Noé...): "Estas obras fueron para una exposición en 1971, de pronto vinieron los problemas políticos y se pensó que habían sido quemadas, hasta que hace dos años Noé viajó a Chile y se encontró con las pinturas", dice Adriana Laurenzi, curadora de la obra de Deira.

La retrospectiva comenzará por sus primeras obras figurativas, seguirá con el estallido caótico de la neofiguración, los años sesenta y principios de los setenta para muchos su momento de mayor esplendor, concluyendo en la etapa de París que se extiende hasta sus últimos días. Podrán verse pinturas, grabados y se hará un especial énfasis en los dibujos, el costado de su obra menos conocido.

Para llevar adelante la retrospectiva se está trabajando arduamente. "Somos un equipo grande” dice Herrera, quien diseñó la sala argentina del siglo XX en Bellas Artes. “Yo soy la curadora, la que está a cargo de la investigación general es Adriana Laurenzi. Ella hace años que trabaja en la documentación y el rastreo de las obras".

El aporte de Laurenzi para el museo consiste en la digitalización del archivo personal de Deira que reúne hasta el momento unas 400 obras más un archivo de documentos, integrado por catálogos, críticas publicadas en medios nacionales y españoles y otros papeles como el certificado de defunción y el telegrama de condolencias que le enviara el presidente Raúl Alfonsín a la familia.

La exposición tiene un objetivo paralelo y es el de dejar la valiosa obra de Deira "ordenada" para futuras investigaciones. Junto con la muestra se editará un voluminoso libro que, adelanta Herrera, incluirá varios ensayos que "relacionarán a Deira con otras disciplinas como la filosofía que es lo que está trabajando Laurenzi. También está en marcha un catálogo razonado de la obra que queremos que sea lo más exhaustivo posible".

Y agrega: "Tal vez esta parte vaya en un CD acompañando el libro. Pero esto es todavía un proyecto, estamos buscando presupuestos". ¿El año Deira? Algo así...Por lo pronto esta retrospectiva pondrá en valor la obra de Deira. Su figura (o neofigura) lo amerita y es una deuda que la Argentina tenía con él.


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