Lucía Pacenza desde el Sur
15 de noviembre al 4 de febrero
“En el alba, la lejanía se erizó de pirámides y de torres...”.
J.L. Borges, El Inmortal.
Desde los años ochenta, Lucía Pacenza desarrolla la serie Sur, en los distintos materiales con que ha abordado la escultura. Desde el sur, como titula a esta exposición que reúne algunas piezas de los últimos 10 años de labor, no solo implica la situación geográfica de ella, de la persona, sino, específicamente, la de su mirada. Los paisajes característicos de nuestras regiones: ríos caudalosos de deltas gigantescos, quebradas empinadas de antiquísimas piedras, desiertos fisurados por vientos constructores de ciudades naturales...El Paraná, la Puna o el Valle de la luna. Lugares esculpidos que sugieren ser “pasados a punto” a los sensuales carrara que la artista trabaja con la grácil imprecisión de una geometría a mano alzada.
Pero esta condición es algo que se descubre en una segunda mirada. La precisión está en la línea, en los dibujos que Pacenza aplica a la superficie de la piedra. La forma, el contorno de los bloques, se ondulan en elipses imperfectas que no hacen sino agregar sugestión y organicidad. Son los Ocasos, Sol-Luna, Ritmos biológicos, donde la alternancia de espacios positivos y negativos determina las instancias de un elemento fundamental en la obra de Pacenza, la luz. La luz que hace destellar los brillos del material o la que baña a sus enigmáticas ciudades en un buscado contraste de “blanco sobre blanco”.
Ciudad del sur, Visiones urbanas o Ciudad perdida, desarrollan con el gusto de quien juega con un mecano, un completo repertorio arquitectónico: desde el sistema trilítico del dolmen, hasta la sofisticación geométrica de las pirámides y las bóvedas. Formas y estilos históricos, del lenguaje de las formas habitables. Frontis clásicos coronan un rascacielos, pirámides truncas determinan ejes urbanos de accesos o salidas a estos impertérritos conglomerados habitados solamente por la luz.
Frente a estas pequeñas esculturas instaladas, la sensación es que a medida que se las mira pierden su carácter de modelo reducido, crecen virtualmente ante nuestra retina, cobran escala real y, entonces, podemos recorrer sus calles desiertas y descubrir los mil y un detalles que ocultan las paredes aparentemente blancas y lisas de sus enhiestos edificios. Una hendidura, una muesca, finas líneas paralelas, un pliegue. Texturas diminutas que activan la superficie y dan cuenta de la mano de la escultora atenta a dejar su sello de silenciosa escritura. Intimidades del oficio. De un oficio en el que las formas y líneas que percibimos como leves, son tales solo después del magno esfuerzo de doblegar la dureza de la piedra.
Para Pacenza, la escultura tiene una dimensión pública. Es un espacio que precisa del espacio mayor que la contiene. Se completa cuando está emplazada, preferentemente al aire libre, dialogando con la ciudad. Ya en 1980 obtuvo el primer premio de proyectos escultóricos y realizó su escultura- fuente homenaje a los 400 años de la fundación de Buenos Aires, en el cruce de Udaondo y avenida del Libertador.
Actualmente, en sus pequeñas cajas de la serie Buenos Aires, instala idealmente sus obras en sitios emblemáticos de la ciudad. En ellas Pacenza desarrolla otra de sus pasiones, la fotografía. La inusitada combinación de la foto plana y la pequeña escultura dan apariencia de postal tridimensional a estas puestas en escena, simulacros de intervenciones urbanas que proyectan el deseo inalienable de estetizar nuestro entorno cotidiano.
María José Herrera
La muestra podrá visitarse hasta el 4 de febrero de 2007, en el siguiente horario: de martes a viernes de 12.30 a 19.30 y sábados y domingos de 9.30 a 19.30.
Ernesto Deira
Retrospectiva
28 de noviembre al 31 de enero
Fue un pilar de la Neofiguración de los 60 junto a Noé, Macció y De la Vega • Se verán 150 cuadros, incluida una producción que se creía perdida en Chile
Está llegando un gigante y, esta vez, no se trata de ninguna reliquia paleontológica sino de Ernesto Deira, uno de los cuatro maestros de la Neofiguración argentina (movimiento vital de la década de 1960) que, en noviembre, tendrá en el Museo Nacional de Bellas Artes una muestra que viene a poner las cosas en su lugar: la primer retrospectiva completa, a veinte años de su muerte.
Ernesto Deira, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega y Rómulo Macció escribieron uno de los capítulos más fascinantes del arte argentino cuando rompieron con las formas establecidas de representar la figura humana para proponer lo que llamaban otra figuración.
Según explica María José Herrera, de Bellas Artes: "La exposición rondará las 150 obras que den cuenta de la importancia de Deira desde sus comienzos hasta su muerte en 1986. La idea es reunir la obra que tiene la familia, los coleccionistas privados y obra de Chile que quedó en el Museo de Arte Contemporáneo y que queremos rescatar".
De lograr traer estas obras, se podrán ver siete pinturas prácticamente desconocidas para el público argentino (ver Noé...): "Estas obras fueron para una exposición en 1971, de pronto vinieron los problemas políticos y se pensó que habían sido quemadas, hasta que hace dos años Noé viajó a Chile y se encontró con las pinturas", dice Adriana Laurenzi, curadora de la obra de Deira.
La retrospectiva comenzará por sus primeras obras figurativas, seguirá con el estallido caótico de la neofiguración, los años sesenta y principios de los setenta para muchos su momento de mayor esplendor, concluyendo en la etapa de París que se extiende hasta sus últimos días. Podrán verse pinturas, grabados y se hará un especial énfasis en los dibujos, el costado de su obra menos conocido.
Para llevar adelante la retrospectiva se está trabajando arduamente. "Somos un equipo grande” dice Herrera, quien diseñó la sala argentina del siglo XX en Bellas Artes. “Yo soy la curadora, la que está a cargo de la investigación general es Adriana Laurenzi. Ella hace años que trabaja en la documentación y el rastreo de las obras".
El aporte de Laurenzi para el museo consiste en la digitalización del archivo personal de Deira que reúne hasta el momento unas 400 obras más un archivo de documentos, integrado por catálogos, críticas publicadas en medios nacionales y españoles y otros papeles como el certificado de defunción y el telegrama de condolencias que le enviara el presidente Raúl Alfonsín a la familia.
La exposición tiene un objetivo paralelo y es el de dejar la valiosa obra de Deira "ordenada" para futuras investigaciones. Junto con la muestra se editará un voluminoso libro que, adelanta Herrera, incluirá varios ensayos que "relacionarán a Deira con otras disciplinas como la filosofía que es lo que está trabajando Laurenzi. También está en marcha un catálogo razonado de la obra que queremos que sea lo más exhaustivo posible".
Y agrega: "Tal vez esta parte vaya en un CD acompañando el libro. Pero esto es todavía un proyecto, estamos buscando presupuestos". ¿El año Deira? Algo así...Por lo pronto esta retrospectiva pondrá en valor la obra de Deira. Su figura (o neofigura) lo amerita y es una deuda que la Argentina tenía con él.
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