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Festival Internacional de Jazz de Alicante - 2005

Phil Woods y la Sinfónica San Vicente

Dentro del primer bloque de conciertos programados en la VIII edición del Festival Internacional de Jazz de Alicante, el público tuvo ocasión de escuchar a quien, para muchos es uno de los principales saxofonistas del mundo entre los que continúan en actividad.

Woods ofreció en esta oportunidad un brillante recital de fraseos, a la vera de su formación en cuarteto y una impecable orquesta sinfónica San Vicente bajo la batuta de Juan Espinosa. El cuarteto lo completaban Ben Aronov (piano), Reginald Jonson (batería) y Douglas Sides (batería.

Comenzó, como no, con el inolvidable Charlie Parker, de quien interpretaron una selección de piezas compuestas pensando en vigorosas secciones de cuerdas, papel que la orquesta San Vicente desempeñó a la perfección. En la línea interpretativa de Woods no se oculta la influencia de Parker y eso se pudo notar en los diferentes pasajes en los que dibujó diversos climas con su saxo alto.

Tampoco faltaron temas de Quincy Jones, uno de los orquestadores más famosos del jazz contemporáneo, con quien también actuara en el pasado, y recuerdos al sonido de Gerry Mulligan, otro monstruo de la boquilla.

Hace treinta y cinco años, Woods se encontraba viviendo su aventura europea con la European Rhythm Machine pero su dilatada trayectoria le permite figurar compartiendo escenario con históricos como Dizzie Gillespie, Thelonius Monk o Michel Legrand. Fue sin duda un placer auditivo contar con su presencia en Alicante.

Por su parte, la Orquesta Sinfónica de San Vicente, que ha crecido mucho desde su formación inicial como orquesta de cámara hace poco más de veinte años, creó un clima envolvente que arropó con singular armonía los diferentes fragmentos solistas de los cuatro músicos de jazz así como los que interpretaron algunos de sus miembros, como el primer violín, la flauta o el clarinete. Poder contar con estas formaciones en un festival de jazz es todo un privilegio que debería repetirse con más frecuencia.

La VIII edición del Festival de Jazz, que se complementa con una programación de jam sessions distribuidas por locales de toda la ciudad, está creando un acervo que ya debería comenzar a pensar en ampliar su cartera de patrocinios privados, con el fin de incorporar más fechas.

De este modo, y manteniendo su inicio hacia finales de julio —para no superponerse con festivales de más solera como los vascos de Vitoria o San Sebastián o incluso el murciano de San Javier— estaría llamado a convertirse en la alternativa del jazz a lo largo de agosto sobre la costa del Mediterráneo.


Festival Internacional de Jazz de Alicante - 2005

Big Fun en Alicante

Randy Brecker, trompeta • Bill Evans, saxos tenor y barítono • Hiram Bullock, guitarra y voz • David Kikoski, teclados • Victor Bailey, bajo • Rodney Holmes, batería

El viernes 5 esta formación deleitó a la numerosa audiencia en el Festival de Jazz de Alicante bajo el nombre de Bill Evans & Randy Brecker Soul Bop Band, un formalismo que busca abreviar lo que debería ser la mera enumeración de sus nombres propios, uno a uno, porque cada uno es ya un monstruo del jazz, el funk, el jazz rock o como quiera etiquetarse a cada uno de los temas que interpretaron.

Tanto como músicos solistas, arregladores o compositores, o como músicos estables o invitados de otras grandes bandas o junto a grandes figuras del jazz y el rock, son pocas las biografías grupales de la historia reciente de la música contemporánea que escapan a la mención de alguno de estos seis músicos.

Son unos All-Stars del jazz-funk-rock que continúan paralelamente con sus vidas de músicos profesionales y no dejan de grabar y sorprender al amante de las innovaciones sonoras.

Brecker demostró la soltura con la que maneja su trompeta desde hace más de treinta años, viajando por las amplitudes tonales que lo llevaron a la fama. Al presentarlo, Evans dijo de él que era uno de los mejores trompetistas en actividad y no se equivocaba. No era un piropo superficial ya que luego él mismo, con sus saxos, se sometió a incesantes duelos pulmonares con la precisión que sólo dos profesionales de este nivel pueden dar.

El primer tema fue extenso y rompedor. El sexteto funcionó a la perfección en un arrebatador clima de ritmos y melodías apoyados en un inagotable “chiquito pero matón” Rodney Holmes que se encargó de manipular sus baquetas a velocidad sorprendente mientras Kikosky y Bailey rellenaban el resto de la base para que Brecker y Evans hicieran de las suyas. A su izquierda, los 120 kilos de virtuosismo de Bullock todavía se dedicaban “sólo a acompañar”.

El show recién comenzaba y una ansiosa audiencia no quería que el tema terminara ya que la propuesta no parecía tener fin y los músicos tampoco daban señales de querer hacerlo.

Como nada queda librado al azar entre profesionales, lógico, hubo un final. Aunque casi sin pausa para retomar con unos sonidos ya más cercanos al jazz rock, en el que Bullock comenzó a desgranar unos solos memorables. También Kikoski se soltó y representó el primero de sus solos con unos jueguitos de moog arrebatadores.

Prácticamente todos mantuvieron duetos de ida y vuelta a lo largo del concierto, como el caso de un Brecker “sintetizado” con un Kikosky “hammonizado” o Kikosky, de nuevo, con un Bullock a sus anchas.

Bullock, antes de pasarse a las cuerdas, fue un incipiente saxofonista y eso le permitía divertirse aún más en los intercambios armónicos con Evans o con Brecker, también acostumbrado a frasear con guitarras de forma presuntamente improvisada pero precisa, como en el inolvidable “Zappa in New York” de hace casi treinta años. También demostró Bullock el potente timbre de voz que tiene en “Don’t Tease Me” o en los coros que hizo a Brecker que, menos virtuoso en la voz pero de forma muy personal, desgranó una suerte de jazz “raperizado” que relataba historias sobre la Nueva York de la que se nutre espiritualmente.

Bailey y Holmes guardaron sus individualidades para el final y el público, totalmente cautivado, supo agradecerlo con sonoras ovaciones al virtuosismo de ambos. Victor Bailey desgranó un muestrario de escalas e incluso cerró su solo con un punteo de vértigo con ambas manos atacando por encima del diapasón. Este bajista debutó con Weather Report siendo un adolescente, reconocimiento temprano que no hace más que confirmar su gran calidad. Holmes, por su lado, multiplicó los parches a velocidad de vértigo y fue cambiando de estilo y de ritmo a voluntad, tal como había hecho a lo largo de todo el show.

Pero todo tiene su fin y ya no podía haber más bises en un concierto que prácticamente no dio respiro y en el que esta Soul Bop Band se brindó de lleno desde el primer minuto. El clima no daba para otra cosa y cerraron con “Big Fun”, para reflejar la alegría y la diversión que se respiraba en el ambiente, gracias a la energía que transmiten estos monstruos del jazz-funk.

Ya queda menos para que termine la edición 2005 del Festival de Jazz de Alicante y qué poco parece todo cuando se disfruta tanto junto a estos números de excepción.

D.L.


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