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Ideologías inexpertas

Los grafiteros al servicio de la inmadurez política

Unas pintadas en tierras valencianas pidiendo la “liberación de los compañeros de SEGI” vuelve a demostrar la práctica ausencia de debate político en las generaciones jóvenes, que en el fondo heredan el inmovilismo adoptado por los políticos de primera línea en los últimos 15 años. Parece que alcanzado cierto nivel de desarrollo económico y de estabilidad de la democracia,  en España los grandes partidos dejan que el país avance con la inercia que dan los capitales, mientras una confusa porción de la juventud piensa que ser progre es ser violento y tiene una visión muy particular del significado de la lucha de clases.

Muy sonado ha sido el operativo judicial montado días pasados en múltiples puntos del País Vasco español con el fin de detener a la cúpula de Segi, el colectivo de juventudes que es presentado por las autoridades judiciales como la “academia de terrorismo” que sirve de paso previo a la integración formal en las filas de ETA.
Esta última organización es uno de los últimos estigmas del franquismo que pervive en la España actual, un Estado con retorno forzoso al formato monárquico aunque ya en versión democrático parlamentaria contemporánea, un estatus del que el franquismo privó a varias generaciones.

La ideología básica de ETA pudo haber tenido una cierta valoración positiva durante su creación, hace ya cuarenta y pico de años. Incluso hay hispanistas que formalmente le adjudican dicho efecto positivo para la historia debido al atentado que interrumpió la presunta continuidad del régimen franquista al asesinar a Carrero Blanco en 1973.

Aunque lo que viene después, desde la legislatura democrática de Suárez hasta nuestros días es un burdo terrorismo que sólo ha logrado confundir a la gente e impedir la maduración natural y progresiva de las nuevas generaciones, ya nacidas en democracia pero que asisten confusas a un Estado en el que la izquierda burguesa alterna el poder con las corrientes conservadoras y todos coinciden en perseguir policialmente a un movimiento que “se vendía” antiguamente como adalid de la libertad. Y que para colmo se presenta como un movimiento de izquierda, al igual que tantos otros movimientos de orientación “nacionalista”.

Vale recordar  (a tanto joven revolucionario) que los movimientos armados en Occidente coincidieron en su apogeo con el fin del franquismo y que esa casualidad histórica debería haber servido a los etarras para reorientar sus ideologías tras las elecciones que ganó la UCD. Pero lo que siguió a esa primera horneada de “vascos antifranquistas” fue una organización que cayó en lo mismo que desde una visión eurocentrista se le criticaba a organizaciones americanas como las FARC colombianas o el ya desarticulado Sendero Luminoso peruano. Es decir, mantienen una estructura “militar” cuyas fuentes de financiación se apoyan en el secuestro y la extorsión, el tráfico de bienes ilegales y el terror entre los civiles que no colaboren ni coincidan explícitamente con sus “ideales”.

Vamos, que para el caso ibérico los etarras son el senderismo a la vasca y que para los tiempos que corren no caben dudas de su desaparición a medio plazo, más pronto que tarde. Que no significa, por cierto, la desaparición de las ambiciones independentistas de un sector de la sociedad vasca o de la identidad cultural vasca en el contexto ibérico, ninguna de ellas relacionada con la violencia gratuita que promueven los etarras y sus incubadoras del terror.

Sobre estas diferencias, sería bueno que todo ello quedara claro especialmente para los jóvenes inexpertos (en el buen sentido) que se agrupan bajo banderas ideológicas que cambian de nombre y socio como de ropa.

Los movimientos “armados” de las corrientes soberanistas gallegas y catalanas supieron abandonar la violencia a tiempo y hoy cuentan con una representación parlamentaria que no tenían antes. ETA también llegó a tener representación parlamentaria lo que entonces no hacía más que confirmar la contradicción de su propia existencia.

Lo que los colectivos de jóvenes de hoy, llámense Maulets, CUP, Endavant, etc. buscan además de la independencia de los territorios de habla catalana, son objetivos de carácter asociativo, prácticas sostenibles, etc. posturas que los acercan más de lo que suponen a muchas agrupaciones políticas formales (a las que se enfrentan) mientras que paradójicamente se muestran cercanos y comprensivos con colectivos como SEGI, que programan actos de “lucha prioritaria” contra las vías del AVE, oficinas de correos, sedes de agrupaciones políticas “enemigas”, etc.

¿Volar una vía de tren es ser ecologista o ser terrorista? Si el tren vertebra, comunica y desarrolla, ¿ser vasco para esta gente es tener menos oportunidades? La destrucción de bienes de uso común que mejoran la calidad de vida en el PaísVasco tampoco parece ser el camino hacia el desarrollo de una identidad territorial libre y soberana, a menos que ésta incluya la inseguridad y la incertidumbre por encontrarse cerca de un atentado inesperado.

Pero los jóvenes rebeldes de otros territorios independentistas evitan el análisis profundo y detallado de los comportamientos y solapan cualquier condena con un mero “compañeros de lucha”. Menuda tontería. Tal como opinan notables catalanistas, defender la identidad catalana no equivale al deseo de separarse de España. No son conceptos equivalentes. Pueden coincidir en muchas personas pero hay tantas otras que orgullosas de ser catalanas, no pretenden la independencia. Lo mismo pasa con los gallegos y los vascos, etc.

La detención y encausamiento de los miembros de Segi no obedece a un oscuro plan del centralismo español por combatir la independencia de ideas. Es una simple actuación policial basada en documentación precisa acumulada a lo largo de muchos meses de investigación. No son luchadores de la libertad. Son conspiradores del terror que pueden segar inadvertidamente la vida de trabajadores y trabajadoras en cualquiera de sus actos violentos. Y quienes con un graffiti piden su libertad es que no han entendido hacia dónde hay que dirigir la energía de la lucha por los derechos de las personas. • D.L. / 3-12-09

Abierto al debate en BLOG Neolectum.

 

 


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Transporte de pasajeros

Empresas mixtas sí pero cuidando las compañías

El anuncio del Gobierno valenciano sobre la creación de una empresa mixta en el sector del transporte público debería causar tranquilidad por la mayor vertebración, incluso laboral, que aportaría a la región, si no fuera porque algunos de sus presuntos socios son muy polémicos, como el caso de Subús.

Esta empresa tiene adjudicada, entre otros servicios, los transportes de autobuses de Alicante y justamente cumpliendo esas funciones ha sido destinataria de las críticas de prácticamente todos los colectivos que se relacionan con este tipo de servicios públicos: sindicatos representados en la plantilla de trabajadores, asociaciones de vecinos de barrios servidos por alguna de las líneas, plataformas de movilidad que estudian las necesidades de transporte de la ciudadanía, etc.

En octubre de 2007 se publicaron los resultados de una encuesta llevada desde el Blog Neolectum sobre la percepción que el público tiene de los transportes públicos de superficie en Alicante. Más valdría decir transportes públicos colectivos ya que el taxi es otro servicio público, pero el ciudadano común entiende que se habla de los autobuses, esa especie de color rojo o azul que cada tanto aparece entre los coches, ya casi cuando la ira está haciendo mella en el estado de ánimo de quienes se aburren junto a la parada.

Vale recordar parte de esa información: “El rechazo a la actual infraestructura de transporte de autobuses en la zona metropolitana de Alicante (ciudad y municipios de l’Alacantí) coincide con el estudio del Observatorio de la Movilidad Metropolitana publicado a finales del invierno, hace pocos días, donde Alicante queda a la cola de los usuarios de transporte público para desplazarse al lugar de trabajo, con un casi testimonial 10,2%.

¿Quién confiaría a Subús entonces la gestión de la línea 2 de tranvía de Alicante? Esa línea, aún en construcción, comunicará el centro de Alicante con barriadas muy pobladas y casi sin servicio de autobuses, como Los Angeles y Virgen del Remedio, para seguir hacia el campus de la Universidad de Alicante y terminar, inicialmente, al ingreso del casco urbano de San Vicente el Raspeig.

Este recorrido atenderá a una población latente que puede llegar a ser de 100.000 personas a medio plazo, según se estime cuánto de la población universitaria resolverá su acceso por esta vía, más los sanvicentinos que optarán por el tram en lugar del 24, más los habitantes de esas populosas que dispondrán al fin de un acceso más directo a la almendra de Alicante y su red de servicios.

Es de esperar que las líneas de tranvía que ya cubren Alicante-El Campello hayan servido de ejemplo sobre lo que puede ser un buen servicio de transporte público colectivo, en el que la elevada frecuencia de paso es un parámetro fundamental, algo que los directivos de Subús parecen desconocer.

Si en una jornada sobre movilidad desarrollada en el Club Información hace tiempo han sido capaces de decir que “si no recibimos más subvenciones no vamos a actualizar el parque móvil”, en alusión al patético servicio que presta entre Alicante y el aeropuerto con los autobuses de la línea C-6, con una frecuencia testimonial de un servicio cada 40 minutos.

Por supuesto, en esa reunión las frecuencias de las líneas urbanas estaban, para ellos, perfectamente planificadas (!!??), para lo que citaron unas exóticas encuestas de satisfacción, no sin antes volver a sugerir más subvenciones si la cuestión era comprar más autobuses, etc.

Los criterios de eficiencia no parecen haberse tenido en cuenta en este capítulo del servicio público, ya que son muchos los colectivos de la ciudad y su área metropolitana que reclaman una urgente actualización de la red de autobuses porque responde a una realidad de hace más de veinte años.

Ahora bien, al igual que el transporte por carretera (camiones) deberá seguir existiendo como último tramo de la capilarización de una red logística terrestre basada en el ferrocarril, lo mismo deberá ocurrir con los autobuses con respecto a las líneas de tranvía.

Estas últimas tienen una capacidad de transporte enorme y un impacto medioambiental mínimo, testimonial, en comparación con los autobuses, que cumplirán su rol de transportar hacia el interior de los barrios o conectarlos entre sí de forma transversal a los ejes del tranvía o incluso atender uno de estos ejes principales donde no sea posible instalar una línea de tranvía.

Los sindicatos están recelosos de estas iniciativas de empresariado mixto para gestionar infraestructuras de destino público pero mientras se mantenga una vigilancia estrecha, la clave es que la participación pública no desaparezca ni sea testimonial para que el destinatario del servicio —el ciudadano— perciba las mejoras y además siempre tenga un poder de decisión indirecto a través de las urnas.

22 julio 2008 • Abierto al debate en BLOG Neolectum.



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