10 de diciembre
Todos los años, el 10 de diciembre, la comunidad internacional observa el Día de los Derechos Humanos. Se conmemora el día en 1948 en que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Su inicio oficial data de 1950, después de que la Asamblea aprobara la resolución 423 (V) en la que se invita a los Estados y las organizaciones interesadas a observar el 10 de diciembre de cada año como Día de los Derechos Humanos.
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ayuda a proteger y promover todos los derechos humanos alrededor del mundo. Con sede en Ginebra, la Oficina también está presente en más de 40 países. Trabaja para garantizar que se pongan en vigor las normas de derechos humanos universalmente reconocidas, incluso mediante la promoción de la ratificación y la aplicación universal de los tratados de derechos humanos y el respeto por el imperio de la ley, También trata de eliminar obstáculos para la plena realización de todos los derechos humanos y de impedir los abusos de derechos humanos o ponerles fin.
Puede obtener más información en la sede web de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos• En Docs Pool puede consultar la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Informe del Secretario General de las Naciones Unidas (5-sept-06) sobre el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza •
Mensaje de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Louise Arbour con motivo del Día de los Derechos Humanos
La conciencia del impacto de la pobreza sobre millones de hombres, mujeres y niños alrededor del mundo, y de cómo este estado de privación y miseria compromete nuestro futuro común, nunca ha sido mayor. Sin embargo, a pesar de que se ha logrado una comprensión cada vez más sofisticada de la complejidad de los factores que intervienen en la pobreza, que van desde la exclusión y la discriminación hasta los desequilibrios del sistema de comercio internacional, los enfoques frente a la reducción de la pobreza con frecuencia siguen incluyendo llamados a la caridad o al altruismo.
En este Día de los Derechos Humanos reafirmamos que vivir libres de carencias es un derecho, y no simplemente un problema de compasión. Luchar contra la pobreza es un deber que obliga a los gobernantes tanto como el deber de garantizar que todas las personas puedan expresarse libremente, elegir a sus líderes y practicar sus credos como quiera que sus conciencias les dicten.
Todos los países, independientemente de su riqueza nacional, pueden adoptar medidas inmediatas para luchar contra la pobreza, basadas en los derechos humanos. Poner fin a la discriminación, por ejemplo, permite en muchos casos eliminar las barreras de acceso a un trabajo digno y les permite a las mujeres y a las minorías tener acceso a servicios esenciales. Mejorar la distribución de los recursos colectivos y fortalecer el buen gobierno a través de la lucha contra la corrupción y la garantía del Estado de Derecho, son medidas que están al alcance de todos los Estados.
Así como los Estados tienen la responsabilidad primaria frente a su propio desarrollo, la comunidad internacional también debe cumplir los compromisos que ha adquirido para apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo. Muchos países ricos aún tienen el reto de cumplir las metas de ayuda al desarrollo con las que se han comprometido, y sin embargo continúan invirtiendo diez veces más en presupuestos militares. Al mismo tiempo, gastan cerca de cuatro veces su presupuesto de ayuda al desarrollo suma casi igual al total del producto nacional bruto de los países africanos- en subsidios para sus propios productores agrícolas. La indiferencia y las visiones estrechas de los intereses nacionales por parte de los países prósperos obstaculizan los derechos humanos y el desarrollo de una manera tan nociva como la discriminación a nivel local.
En la Cumbre Mundial del año 2005, los líderes del mundo reconocieron que el desarrollo, la paz, la seguridad y los derechos humanos se refuerzan de manera recíproca. En un mundo en donde una de cada siete personas continúa padeciendo de hambre crónica y en donde las desigualdades dentro y entre los países crecen, nuestra capacidad de alcanzar los objetivos que la Cumbre reafirmó con el fin de "convertir la pobreza en historia" seguirá seriamente cuestionada, si no enfrentamos la pobreza como un problema de justicia y derechos humanos.
Louise Arbour
8 de diciembre de 2006
Debido a esta dualidad la pobreza es probablemente el más grave de los problemas de derechos humanos en el mundo. Los vínculos entre los derechos humanos y la pobreza son evidentes: las personas a las que se les deniegan los derechos las víctimas de la discriminación o la persecución, por ejemplo tienen más probabilidades de ser pobres. Por lo general, encuentran difícil o imposible participar en el mercado de trabajo y tienen poco o ningún acceso a los servicios básicos y los recursos.
Entre tanto, los pobres en muchas sociedades no pueden disfrutar de sus derechos a la educación, la salud y la vivienda simplemente porque no están a su alcance. Y la pobreza afecta todos los derechos humanos: por ejemplo, los bajos ingresos pueden impedir el acceso de las personas a la educación, un derecho “económico y social”, lo que a su vez inhibe su participación en la vida pública, un derecho “civil y político” y su capacidad para influir en las políticas que los afectan.
Pese a ello, todavía es raro que la pobreza se vea a través del lente de los derechos humanos. Más bien a menudo se percibe como algo trágico pero inevitable, e incluso como responsabilidad de aquéllos que la sufren. En el mejor de los casos, los que viven en la pobreza países e individuos se describen como infortunados; en el peor de los casos, como haraganes e indignos.
La realidad es diferente. La pobreza está formada por muchos ingredientes, pero siempre se ha caracterizado por factores tales como la discriminación, el acceso desigual a los recursos y la estigmatización social y cultural. Esos “factores” tienen otro nombre: denegación de los derechos humanos y la dignidad humana. Lo que es más, esos son factores respecto de los que los gobiernos y las personas en posición de autoridad pueden y deben hacer algo.
Se han comprometido a ello al aceptar en forma abrumadora varios tratados de derechos humanos y al firmar el consenso internacional para hacer de la pobreza cosa del pasado, mediante la Declaración del Milenio y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, así como recientemente, el Documento Final de la Cumbre Mundial 2005. La realización de los derechos humanos, incluida la lucha contra la pobreza, es un deber, no una mera aspiración. •
La pobreza rara vez es accidental. Según se entiende hoy en día, la pobreza es a menudo resultado de elecciones de política entre otras razones. las políticas públicas a nivel nacional e internacional con frecuencia ignoran o violan flagrantemente las normas esenciales para la reducción de la pobreza, incluso los derechos humanos.
En diferente grado, todos los Estados han aceptado la obligación jurídica de garantizar que su población disfrute, entre otros, del derecho a la vida, a la libertad, a un nivel de vida adecuado, a la educación, al más alto nivel posible de salud física y mental, a la alimentación y a la vivienda. Se acepta que la realización de esos derechos llevará tiempo en los países más pobres. Pero también es evidente que los derechos humanos no son opcionales ni meras aspiraciones.
El vínculo entre la realización de los derechos humanos y la reducción de la pobreza es claro. las obligaciones en materia de derechos humanos requieren que los gobiernos den prioridad al bienestar de su población. Y exigen que los gobiernos y las autoridades proscriban las causas fundamentales de la pobreza, a saber, la discriminación y las diferencias de trato entre los diferentes grupos. Todos los Estados han ratificado por lo menos uno de los siete tratados internacionales básicos de derechos humanos, y el 80% de ellos han ratificado cuatro o más.
Un creciente número de países, incluso del mundo en desarrollo, han venido poniendo en práctica esas obligaciones en forma muy concreta, otorgando a los individuos la posibilidad de recurrir a los tribunales para exigir que el Estado sostenga su deber de garantizar una vida de dignidad y respeto por los derechos humanos para sus ciudadanos.
En Johannesburgo, Sudáfrica, alrededor de 300 personas que vivían en edificios supuestamente inseguros recientemente lograron obtener una orden judicial para impedir su desahucio por la autoridad municipal. Con arreglo a la Constitución sudafricana los individuos tienen un derecho constitucionalmente protegido a una vivienda adecuada. El Tribunal Supremo de Sudáfrica dictó un fallo en el sentido de que las 300 personas no podían ser desahuciadas de los edificios hasta que se les proveyera de otras viviendas adecuadas o la ciudad de Johannesburgo hubiera aplicado un programa amplio y coordinado para realizar progresivamente el derecho a una vivienda adecuada de los habitantes de la sección central superpoblada de la ciudad que se encuentran en situación de crisis o necesitan desesperadamente vivienda.
Compendio de información publicada a través de unos folletos informativos de la OHCHR de las Naciones Unidas en ocasión del Día de los Derechos Humanos de 2006
Esta pregunta aparentemente tan sencilla tiene una respuesta compleja. Hoy en día se entiende la pobreza como algo más que la falta de ingresos. La pobreza se refiere también a la equidad, o la falta de equidad. Vivir en la pobreza significa que uno tiene más probabilidades de morir a causa de enfermedades prevenibles, de tener una tasa más alta de mortalidad infantil, de no poder acceder a una educación y de carecer de vivienda adecuada. También significa mayor vulnerabilidad al delito y la violencia, acceso inadecuado o carencia de acceso a la justicia y los tribunales, así como la exclusión del proceso político y de la vida de la comunidad.
La pobreza se refiere también al poder: quién lo ejerce y quién no, en la vida pública y a puertas cerradas. Para comprender las modalidades arraigadas de la discriminación y hacerles frente, modalidades que sentencian a los individuos, las comunidades y los pueblos a generaciones de pobreza, es esencial llegar al centro mismo de las complejas tramas de las relaciones de poder en las esferas política, económica y social.
La pobreza absoluta, medida únicamente por los ingresos, ha disminuido desde el decenio de 1980, aunque lentamente desde mediados del decenio de 1990. No obstante, la desigualdad mundial permanece a niveles extraordinariamente altos dentro de los países y entre ellos.
La mayor parte de las regiones en desarrollo se están quedando atrás de los países ricos, sin ponerse a la par de ellos. Y hasta algunos de los países más ricos del mundo siguen luchando contra un pertinaz problema de pobreza, incluso extrema pobreza, debido en gran parte a modalidades de discriminación y desigualdad profundamente arraigadas.
Por otra parte, los vínculos entre los ingresos y el progreso social no son automáticos. Algunos de los responsables más enérgicos en lo que se refiere a la reducción de la desigualdad de los ingresos no han obtenido los mismos resultados con respecto a metas de desarrollo humano tales como la mortalidad materna y la mortalidad infantil, frecuentemente como resultado de pertinaces modalidades de discriminación. Ello subraya la necesidad de entender la pobreza desde una perspectiva de derechos humanos.
Una mayor igualdad entre los géneros actuaría como una potente fuerza para reducir la mortalidad infantil. Utilizando datos de diferentes países, el Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimentarias ha estimado que al uniformar el acceso de hombres y mujeres a la educación, la nutrición, los ingresos y los derechos de propiedad se podría reducir la tasa de peso inferior al normal entre los niños menores de tres años en un 13% en el Asia meridional, con lo que habría 13.4 millones menos de niños malnutridos vulnerables a una mortalidad temprana. En lo que respecta a la malnutrición de los niños de Africa al sur del Sahara, se reduciría en 3 puntos porcentuales, con 1.7 millones menos de niños malnutridos.
El 80% de los 20 países más pobres del mundo han sufrido una guerra de importancia en los últimos 15 años. En promedio, los países que salen de la guerra hacen frente a una probabilidad del 44% de recaer en los primeros cinco años de paz. Incluso con rápidos progresos después de la paz, puede llevar toda una generación o más sólo para retornar a los niveles de vida anteriores a la guerra.
Y, una vez más, el vínculo entre la pobreza y la confrontación no se refiere únicamente a los ingresos o las penurias materiales: los pobres no son inherentemente rebeldes. Pero cuando las privaciones se unen a la injusticia y la dureza de las desigualdades, la historia ha demostrado que el conflicto armado, el terrorismo y otro tipo de violencia no están muy lejos.
En un estudio del desarrollo y la seguridad humana realizado en Filipinas en 2005, el PNUD y otros organismos locales e internacionales para el desarrollo descubrieron que los ingresos por sí solos no son suficientes para explicar el conflicto armado. En cambio, es más probable que las privaciones, la desigualdad y la discriminación social impulsen al pueblo a las armas. las pruebas indican que cosas tales como la educación, el acceso al agua y el respeto a la diversidad son potentes instrumentos contra el conflicto, mientras que las privaciones y la discriminación pueden encender el resentimiento y la violencia.
El estudio de la situación en Filipinas, donde tuvieron lugar dos de los conflictos armados más prolongados del mundo, constituye la primera documentación cuantificable para demostrar que el aislamiento cultural, la discriminación y la falta de servicios básicos, tales como electricidad, agua, caminos y educación pueden predecir los encuentros armados. La discriminación, el acceso desigual a los recursos y la falta de respeto por la identidad cultural, entre otros quebrantamientos de los derechos humanos, forman parte de un elemento común en los conflictos a través del globo.
Fuente: PNUD, Informe sobre el Desarrollo Humano 2005.
Si la pobreza tiene que ver con el poder, las soluciones deben centrarse en la habilitación de la población misma, especialmente de aquéllos que sufren la mayor discriminación y exclusión social. La historia está plagada de soluciones “de arriba abajo”, bien intencionadas pero que no han dado resultado porque pasan por alto las causas básicas de la pobreza así como las exigencias, perspectivas y capacidades de la propia población para ser arquitectos de su propio destino. A menudo las soluciones sostenibles dependerán de respuestas multifacéticas encaminadas a una justa redistribución de las relaciones de poder y no de arreglos improvisados o de dádivas de acción momentánea.
Prácticamente todos los países adoptan medidas inmediatas para luchar contra la pobreza en toda su complejidad. Aducir una falta de recursos no absolve a los países de responsabilidad. La reducción de la pobreza a menudo costará dinero, pero no todos los derechos requieren recursos importantes para su realización, incluidas muchas obligaciones derivadas de los derechos socioeconómicos. La voluntad política es, por lo menos, igualmente importante.
Si se pone fin a la discriminación, por ejemplo, en muchos casos se eliminarán las barreras que se oponen a la participación en el mercado de trabajo y otras restricciones estructurales a la realización de los derechos humanos. La mortalidad infantil constituye otro buen ejemplo.
La mayor parte de las defunciones infantiles son evitables, pero sin embargo las tasas de mortalidad son altas en muchos países debido a que, por razones indefendibles, no se utilizan lo suficiente intervenciones eficaces, de bajo costo y tecnológicamente sencillas, y no se abordan las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad. El PNUD estima que todos los años podrían salvarse alrededor de seis millones de vidas infantiles mediante intervenciones sencillas y de bajo costo.
Varios países de bajos ingresos, como Vietnam y Bangladesh, se han ocupado de algunas de las raíces del problema y han registrado notables progresos en la reducción de la mortalidad infantil.
Puede obtener más información en la sede web de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos • En Docs Pool puede consultar la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Informe del Secretario General de las Naciones Unidas (5-sept-06) sobre el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza •
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